Segunda ola de psicología positiva

Marta Velázquez Gil es psicóloga e investigadora. Ha publicado investigaciones en revistas científicas y congresos tanto nacionales como internacionales. Su mayor interés es la investigación sobre términos culturales y su relación con el bienestar. Dentro de este tema, su mayor pasión es Sisu, un término finlandés para la fortaleza y el espíritu que permite a las personas superar desafíos insoportables. Los artículos de Marta aparecieron aquí originalmente en el sitio en español. Las traducciones al inglés aparecen aquí.

 

Hace unos días recibí un libro que había querido leer durante algún tiempo: «Psicología positiva de la segunda ola: abrazando el lado oscuro de la vida». Había oído hablar de la ‘segunda ola’ de psicología positiva, pero hasta ahora no había decidido profundizar en este tema. Los autores de este libro, ‒Itai Ivtzan, Tim Lomas, Kate Hefferon y Piers Worth‒ no son los primeros en hablar sobre esta segunda ola. BS Held utilizó el término en 2004, y Paul Wong identificó y explicó este nuevo movimiento en 2011.

Pero, ¿qué es la psicología positiva de segunda ola?

En sus primeros años, la psicología positiva puso un fuerte énfasis en los estados positivos del ser humano en compensación por la tendencia de la psicología tradicional a enfocarse en estados mentales negativos. Estaba el mensaje implícito de que las experiencias y los estados negativos eran indeseables y, por lo tanto, la gente debería tratar de evitarlos, mientras que las cualidades positivas eran necesariamente beneficiosas y deberían promoverse. La psicología positiva promulgó una dicotomía positivo-negativo bastante polarizante.

En los últimos años, los académicos de la psicología positiva han adoptado una visión más matizada de lo positivo y lo negativo, reconociendo que las cualidades positivas a veces pueden ser dañinas y los estados mentales negativos a veces pueden contribuir al florecimiento humano.

Positivo puede ser negativo

La positividad puede ser perjudicial cuando se usa en exceso o en un contexto tóxico. Sinclair, Hart y Lomas encontraron que la presión para ser positivo puede causar daño en contextos particulares, ya que puede disuadir a las personas de enfrentar la realidad de su situación. Esto da como resultado la negación tanto de la realidad de las circunstancias difíciles como de las emociones que las acompañan. La positividad forzada puede ser un mecanismo de afrontamiento evitativo.

Held describe la presión de ser positivo o feliz como un rasgo cultural distintivo en América del Norte. También señala que la presión para ser feliz y optimista en circunstancias desafiantes puede llevar a las personas a ignorar o negar emociones negativas como la tristeza o la ira y, por lo tanto, obstaculizar su capacidad para evaluar las circunstancias de la vida de manera realista.

McNulty y Fincham en su investigación sobre las actitudes positivas y el bienestar entre las parejas de recién casados, encontraron que el perdón promueve el bienestar en las relaciones saludables, pero es perjudicial en las relaciones no saludables. El estudio mostró que el perdón aumenta la probabilidad de que el abuso vuelva a ocurrir, ya que el abusador interpreta el perdón de la víctima como un permiso tácito para continuar el abuso. Estos sorprendentes hallazgos muestran que el perdón en una situación abusiva puede agravarla y enfatiza la importancia del contexto cuando se investigan los rasgos y cualidades positivos.

Lo negativo puede ser positivo

Algunos aspectos de la vida suelen considerarse negativos y, sin embargo, conducen al bienestar. Por ejemplo, enfrentar desafíos e incomodidades tiene un gran potencial de crecimiento, curación y transformación.

 

La ira se ha presentado como una emoción destructiva e indeseable con consecuencias potencialmente devastadoras si no se contiene adecuadamente. Beck presentó la ira como una manifestación de odio y una causa fundamental de males como la guerra. Pero la ira puede tener un resultado positivo si se muestra hábilmente. Por ejemplo, se ha argumentado que la dinámica de la ira moral ha ayudado a impulsar los movimientos sociales que han surgido en las últimas décadas, desde el feminismo hasta los derechos civiles. Martin Luther King Jr., en su lucha por los derechos civiles, mostró una justa ira que le permitió luchar sin ser cegado por el odio.

La tristeza también se ha clasificado como indeseable. Sin embargo, la tristeza puede surgir como una respuesta compasiva al sufrimiento en el mundo. La tristeza puede transmitir mensajes importantes, como cuánto nos preocupamos por alguien o algo. También puede ser una fuente de inspiración o una fuente de importancia. Incluso puede albergar belleza.

Norem destaca el poder positivo del pensamiento negativo, por ejemplo, la conexión entre el pesimismo y el afrontamiento proactivo. Aquí podríamos diferenciar entre pesimismo “puro” (una suposición fatalista de lo peor) y pesimismo estratégico (detección temprana de fallas y resolución de problemas). Una mentalidad pesimista puede llevar a una persona a prepararse para problemas potenciales, disminuyendo así la probabilidad de que realmente ocurran.

Los cuatro principios

Segunda ola llegando a la playa

La psicología positiva de segunda ola se basa en cuatro principios fundamentales:

  • Evaluación: Este principio advierte contra la identificación categórica de los fenómenos como positivos o negativos, ya que tales evaluaciones dependen fundamentalmente del contexto. Por ejemplo, el optimismo excesivo puede llevar a errores de cálculo del riesgo, mientras que el pesimismo puede ser ventajoso si lleva a la precaución según el contexto.
  • Covalencia: Este principio refleja la idea de que muchos fenómenos son mezclas complejas de luz y oscuridad, positivo y negativo. Podemos pensar en la forma en que la esperanza implica un anhelo optimista de una meta futura, pero aún puede verse socavada por la ansiedad de que podría no cumplirse.
  • Complementariedad: Este principio considera la idea de que existen fenómenos de la experiencia humana que son opuestos y que conviven y se complementan. Podemos usar el amor como ejemplo. Las dos caras del amor son fundamentalmente inseparables: cuanto más fuerte e intenso es el amor de uno por el otro, mayor es el riesgo de angustia si la relación termina en contra de la voluntad de uno.
  • Evolución: Este principio nos permite contextualizar la idea de la segunda ola. Podríamos considerar la psicología convencional, con su aparente preocupación por los aspectos negativos del funcionamiento humano, como tesis. Al criticar esto y abrazar los fenómenos positivos, la psicología positiva se presentó como la antítesis. La siguiente etapa de este proceso dialéctico es la síntesis, en la que se conservan las verdades tanto de la tesis como de la antítesis, mientras se superan las fallas en sus respectivas posiciones.

Conclusión

La psicología positiva de segunda ola es un intento de responder a las críticas tanto de la psicología tradicional como de la psicología positiva. Es una síntesis que puede allanar el camino hacia nuevas formas de entender la experiencia humana de una manera más matizada y realista. La segunda ola intenta cubrir todo el espectro emocional de la experiencia humana. Este es un enfoque esencial, ya que la experiencia humana no se puede resumir como un conjunto de opuestos polarizados. La vida humana es una amalgama de luz y oscuridad que merece un enfoque integrador de estudio.


Referencias

Beck, AT (1999). Prisioneros del odio: la base cognitiva de la ira, la hostilidad y la violencia. Nueva York: Harper Collins.

Held, BS (2004). El lado negativo de la psicología positiva. Revista de Psicología Humanista, 44(1), 9-46.

Held, BS (2002). La tiranía de la actitud positiva en América: observación y especulación. Revista de psicología clínica, 58(9), 965-91. doi: 10.1002 / jclp.10093. PMID: 12209859

Held, BS (2001). Deje de sonreír, comience a Kvetching: una guía de 5 pasos para las quejas creativas. Nueva York: St. Martin’s Griffin.

Ivtzan, I., Lomas, T., Hefferson, K. y Worth, Piers. (2015). Psicología positiva de la segunda ola: abrazando el lado oscuro de la vida. Londres: Routledge.

McNulty, JK (2010). Cuando los procesos positivos dañan las relaciones. Direcciones actuales de la ciencia psicológica, 19(3), 167-171.

McNulty, JK y Fincham, FD (2012). ¿Más allá de la psicología positiva? Hacia una visión contextual de los procesos psicológicos y el bienestar. Psicólogo estadounidense, 67(2), 101-110. https://doi.org/10.1037/a0024572

Norem, JK y Chang, EC (2002). La psicología positiva del pensamiento negativo. Revista de psicología clínica, 58(9), 993-1001

Norem, JK (2001). El poder positivo del pensamiento negativo. Nueva York: Basic Books

Lázaro, RS (2003). El manifiesto de Lázaro para la psicología positiva y la psicología en general. Investigación psicológica; 14(2): 173–189.

Lomas, T. (2016). Florecimiento como equilibrio dialéctico: conocimientos emergentes de la psicología positiva de segunda ola. Comunicaciones Palgrave. 2: 16018 doi: 10.1057 / palcomms.2016.18.

Lomas, T. y Ivtzan, I. (2016). Psicología positiva de segunda ola: exploración de la dialéctica positiva-negativa del bienestar. Revista de estudios sobre la felicidad, 17(4), 1753-1768. doi: 10.1007 / s10902-015-9668-y

Sinclair, E., Hart, R. y Lomas, T. (2020). ¿Puede la positividad ser contraproducente cuando se sufre maltrato doméstico ?: Una revisión narrativa. Revista Internacional de Bienestar, 10(1), 26-53. doi: 10.5502 / ijw.v10i1.754

Wong, PTP (2011). Psicología positiva 2.0: Hacia un modelo interactivo equilibrado del buen vivir. Psicología canadiense / Psychologie canadienne, 52(2), 69-81.

Zembylas, M. (2007). Movilizar la ira por la justicia social: la politización de las emociones en la educación. Educación Docente, 18(1), 15-28. doi: 10.1080 / 10476210601151516

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